19 noviembre, 2010

Mi historia

Aquí os dejo el primer capítulo de mi historia. La titulé Habitación 136. Este capítulo para mí es muy especial ya que con él empezó todo. Además los dos primeros párrafos son con los que paseé varias semanas y son iguales, no los he cambiado para nada. Así podréis conocer a mis compañeros de autobús, jeje!!

Esta historia comienza un...

Domingo, 15 de enero
Era una habitación melancólica y fría, pero su simple presencia, hacía que fuese cálida y el mejor lugar del mundo. Dada mi situación se podría esperar que cualquier persona me confortase, después del sufrimiento de la noche de hacía dos semanas. Aquella noche de sábado para domingo. Esa noche que parecía tan lejana como imposible, pero era verdad, había sucedido y estaba ahí, en mi pensamiento. La enfermera me ayudó a acostarme y se fue. Por la ventana entraba una débil luz que lo iluminaba todo, incluso él parecía tranquilo. No sé cómo una persona puede estar tan tranquila después de haber recogido a alguien desmayado en una librería y llevarla al hospital. Pero me gustaba esa tranquilidad que emanaba de él, me hacía sentir segura.
Me miró, me miró de una manera tan especial y tan llena de preocupación que no fui capaz de mirarle a los ojos. Me avergonzaba de mi situación. Tumbada delante de alguien al que creía conocer. Yo, en su lugar, me hubiera limitado a llamar. Pero él no llamó, él vino y estaba sentado a mi izquierda en lo que parecía un taburete.
Después de lo ocurrido, otra chica que estuviera en mi lugar le hubiera dicho lo que siente, pero yo no era capaz. No estaba segura de lo que sentía en aquel momento. Tampoco sabía si confiar en él y decirle todo, por qué me desmayé, a causa de qué y cómo estaba. Lo conocía, iba en mi clase y, a veces, se sentaba detrás de mí, pero nunca me habló directamente… Bueno, una vez me preguntó de dónde era.
No me encontraba muy bien, la verdad, no sabría decir cómo me sentía.
-¿Cómo te encuentras? -me preguntó, pero parecía que me preguntaba por mis pensamientos y no por mi salud. No le supe responder. ¿Estaba bien? Imposible, nadie se encontraría bien después de todo aquello. ¿Estaba mal? Tampoco, no me dolía nada, bueno, estaba cansada. ¿Entonces, qué me ocurría? “Estás embarazada”, me había dicho la enfermera. ¡Embarazada! Era una locura. ¿Se lo diré? Si se lo digo no sé qué sucedería, y cuando vuelva al instituto va a ser horrible, pero… ¿volveré? Yo quiero estudiar… Entonces no se lo digo, pero cuando empiece a faltar al instituto va a desconfiar y también se enfadará. ¡No sé qué hacer! Solo tengo 17 años y… ¡ahora un bebé! Pero me ayudó, y vino a visitarme. Eso debe de significar algo. Creo que se merece la verdad. Pues… ahí va.
-Estoy… -¿cómo continúo?- mejor, pero…
-¿Pero? -parecía preocupado, ¿por qué se preocuparía tanto por mí? Y… ¿por qué él? No podía haber sido un viejecito que fuera a comprar el periódico. Pues no, tenía que ser justo el chico que me gustaba. Bueno, acabemos con esto de una vez.
-Pero… estoy embarazada -¡ya está! Le miré, ni siquiera se movió. ¿Qué dirá?
-Y ahora, ¿qué vas a hacer? -parecía aún más preocupado e incluso culpable, pero ¿por qué? Si no sabe quién fue, eso sólo lo sé yo. Ojala no me lo pregunte, no sé si se lo diré, de momento no. Es mejor así.
-No lo sé -me sentía defraudada. Siempre he sabido qué hacer en todo tipo de situaciones y ahora no lo sabía. Estaba confusa. Lo único que hizo fue cogerme la mano y sonreír. No sé, pero me sentí mejor, sentir su mano en la mía, era como un gran consuelo.
-¿Cuánto tiempo vas a estar aquí? -¿Por qué quería saberlo?
-Sobre tres días -porque tengo el azúcar o la tensión baja. La enfermera había dicho algo al respecto, pero no me acuerdo.
-¿Se lo vas a decir a alguien aparte de tu familia? -¡Vaya, una pregunta que me sé!
-No, y tú no se lo vas a decir a nadie, ¿verdad?
-¡No! Claro que no, puedes confiar en mí -¡Qué bien! Ha dicho la frase mágica-. Entonces, ¡si quieres, claro! Puedo traerte los deberes y los apuntes de lo que vayamos dando en clase. ¡Solo si quieres!
¡No me lo puedo creer! ¡Quería volver a verme! ¿A ver si él…? No, eso era imposible. Pero él nunca hizo los deberes ni nunca tomó apuntes y ahora, quiere hacerlo todo durante unos días. ¿Por mí? No me cogía en la cabeza, no acabo de entenderlo.
-Pero… ¿por qué? -la verdad es que era una pregunta estúpida, pero necesitaba que me lo dijera- ¿Por qué haces todo esto por mí?
-No lo sé -me quedé sin palabras. Por lo visto no era la única que no sabía lo que sentía. Pero no había acabado… -. Quizás me importes bastante -¡Le importo!-. Bueno, ya es tarde… -¡Que no siga!- Me tengo que ir. Mañana no puedo, pero el martes, si quieres vuelvo -¡Claro que quería! Asentí e se fue. Va a volver. ¡No me lo podía creer!
¿Qué hago ahora? Demasiadas emociones por hoy, mejor descansar. La luz fue desapareciendo, dejando paso al confuso mundo de los sueños, o las pesadillas. La noche del sábado de Noche vieja, el terrible suceso volvió a aparecer otra vez, machacando mi mente. Volví a recordar el tormento sufrido. Interminable. Doloroso. Ni el recuerdo de Lucas parecía aplacar mi sufrimiento y mi dolor.

CONTINUARÁ
                                                              

Me encantaría saber que os ha parecido, por favor comentad, jeje!!

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