28 octubre, 2011

Regalito rojo

Pues ya que te gustan mis historias, pues yo lo te regalo hoy es un capítulo inédito de Habitación 136:



11
Una Coca-Cola y un Aquarius
(4 años atrás)


¿Quién tendría la brillante idea de poner educación física un lunes a primera hora? No sé quien sería, pero se lució enormemente. Me gustan todas mis asignaturas, y gimnasia no se me daba tan mal, pero un lunes a primera. Era un sobre esfuerzo. Sobre todo con la profesora que teníamos, que le encantaba vernos correr mientras leía el periódico sentada en las gradas. Además, cuando veía que alguien se relajaba, le gritaba desde su sitio. La verdad es que nadie le tenía mucho aprecio, y muchos somos los que ansiamos su jubilación. Mientras, toca aguantarse.
Ya llevábamos casi diez minutos corriendo, cuando sentí una presión en la espalda. Alguien me estaba empujando. Tardé en reaccionar ya que cuando corro estoy en las nubes, literalmente. A medida que me caía, pude percibir como el chico que me había empujado acababa en el suelo antes que yo. Era uno de los amigos de Jorge, siempre estaban juntos. ¿Qué tenían los amigos de Jorge en mi contra? De repente unas manos me agarraron. Eran fuertes, pero seguían siendo las de un chico de catorce años.
-¿Estás bien? -era Jorge. Era la misma situación de hace cuatro años cuando un amigo de Jorge le pegó a mi perro. Estaba cumpliendo la promesa que me hizo entonces. Todavía estaba aturdida por lo que solamente pude asentir.
-¿Por qué...? -aún no lo entendía. ¿Por qué me había empujado?
-Porque es un idiota simplemente. Por él no te preocupes. ¿Seguro que estás bien?
-Sí, seguro. Es mejor que sigamos corriendo, si no se va a poner a gritar como una loca.
-¡Ah no! No me apetece seguir corriendo. Además, siempre damos más vueltas que los demás. ¡Espérame aquí que ahora vengo! -se marchó sonriendo. Si sabe que siempre doy más vueltas que los demás es que no me ha perdido de vista durante estos años. Aunque no sé qué hará para que la profesora nos deje descansar.
Solamente tardó cinco minutos. Regresó con una sonrisa de oreja a oreja. Me puso una mano en el hombro y me guió hasta la cafetería del instituto.
-¡Vamos! Te invito a un refresco.
-¿Pero cómo has...? -no me dejó acabar la frase. Directamente pidió una coca-cola y un aquarius de limón. Todo bien fresquito. Aún estábamos en abril y ya empezaba a hacer calor. Y la loca haciéndonos correr en el campo de fútbol al sol, y eso que aún eran las nueve y media de la mañana. Mis pensamientos se vieron interrumpidos por Jorge que traía las bebidas.
-Supongo que seguirán sin gustarte las bebidas con gas, ¿no? -asentí y él me puso delante el aquarius. Sí que tiene buena memoria.
-¿Pero cómo has hecho para que la loca nos deje salir? -lo dije lo más rápido que pude para evitar que no me dejara acabar la frase, otra vez.
-¡Tú y tus preguntas, siempre juntas! -se rió de su propio chiste.
-A mí no me hace gracia -se puso serio de repente. Cuando me miró a la cara, percibí como le entraron las ganas de reírse. Siempre me pasaba lo mismo. Mi hermano me dijo una vez que cuando me enfado mi cara es muy graciosa. Fastidioso. Pero esta vez Jorge no se siguió riendo-. Esto es como si le hubieras vendido tu alma al diablo y eso no está bien.
-Tranquila. No te preocupes. Simplemente le conté lo que había sucedido y que necesitabas descansar.
-¿Así, sin más? -no me lo podía creer.
-Es que...
-¿Es que qué?
-Es mi tía. Alguna vez me hace este tipo de favorcitos. ¡No siempre! No creas que me trata diferente ni me infla la nota, ni nada por el estilo.
-¿¡La loca es tu tía!? ¡Uy, perdón! -me había quedado totalmente tonta.
-Tranquila, no pasa nada. No es que me lleve genial con ella, ni tampoco la odio, pero es la hermana de mi padre.
-¿Y por qué nos...?
-¿... nos hace correr así? Una vez se lo pregunté y solo me dijo que es por nuestro bien. Si de aquella no me lo creí, ahora sigo sin creérmelo.
Seguí bebiendo. Nunca pensé que dos personas de la misma familia fueran tan diferentes. Él estaba siempre sonriendo y ella parecía que nos odiaba. Increíble.
-¿Estás bien? -parecía preocupado.
-Sí, claro. ¿Por qué lo preguntas?
-Es que te has quedado callada y eso es preocupante en ti -esta vez nos reímos los dos. Éste no cambia ni con los años.
Pasados quince minutos volvimos a la clase.
Después de ese día, fue como si regresara a la normalidad. Fue igual que hace cuatro años. Sabía y sé que Jorge está cerca y siento que no me puede pasar nada. En la vida pueden pasar multitud de cosas, buenas y malas. Tengo muchísima suerte de tener la familia que tengo y no estar como el perro y el gato como están otras. Es lo mejor que tengo, espero que eso nunca se estropee por nada ni nadie. Cosas buenas en realidad, y por suerte, tengo muchas, y malas, que fueran realmente graves, no me han sucedido nunca. Por lo que espero que Jorge tenga toda la razón, porque siento que cuando algo malo me ocurra, va a ser muy malo. Y eso me aterra.

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